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Al sexo en pantalla siempre le faltó diversidad


Cuando se estrenó la película Rojo, Blanco y Sangre Azul (2023) en Prime me sorprendió ver que un tweet acerca de una mujer que no sabía que los hombres gay podían hacer la posición del misionero mientras tenían sexo se volviera viral. Pensé que todos lo teníamos claro. Conocimiento general sobre el sexo, saben. Pero después caí en cuenta que bueno, al menos en mi educación escolar, el sexo LGBTQ+ no se tocaba (claro, al menos que se hablara del VIH/sida, con lo cual parecían querer asustarnos de tener otro tipo de sexo que no fuera el heterosexual). Y luego recordé que las películas LGBTQ+ con escenas de sexo explícito aún están reservadas para un público de nicho. Así que, por supuesto, ¿cómo los heterosexuales iban a saber cómo los hombres gay tienen sexo si ni siquiera lo ven representado en lo mainstream?

Recuerdo que la primera película gay que vi en mi vida fue Secreto en la montaña (2005), y si bien fue la primera película mainstream en mostrar una escena de sexo entre dos hombres, tampoco es que haya sido la más realista. Es corta y ruda. Pero al menos es explícita.

Crédito: Focus Features.

Sin embargo, en la actualidad, el sexo queer sigue teniendo muy poca visibilidad en Hollywood. Call Me By Your Name (2017), que recibió cuatro nominaciones en la 90ª edición de los Óscar, incluyendo mejor película, carece de una escena de sexo. Cuando Elio (Timothée Chalamet) y Oliver (Armie Hammer) están a punto de tener sexo, la cámara hace un paneo hacia la ventana y se queda fina en un árbol que mueve sus hojas por el viento. Queda a la imaginación. Y es muy romántico todo, si me preguntan. ¿Pero era necesario que la acción pasara fuera de cámara?

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Call Me By Your Name es una película queer así que obviamente (las personas queer) íbamos a esperar ver sexo queer. Pero, justo como lo escribe Fran Tirado, de Out Magazine: “Parecía que [el director Luca] Guadagnino tenía otro público en mente”. Y es que las películas queer son más comerciales cuando lo sexual se omite y se da prioridad a la mirada del otro. Quiero decir, la mayoría de películas LGBTQ+ que ganan un Óscar siempre se centran en las dificultades de ser queer y en el sufrimiento de los personajes, tratando de despertar la empatía del público heterosexual. Pero ¿dónde queda la alegría de ser queer, de disfrutar del sexo gay sin satanizarlo?

Crédito: Sony Pictures Classics

Y si bien hay directores queer que deciden seguir lo convencional, hay otros que de verdad buscan romper con los estigmas del sexo LGBTQ+ como es el caso de Matthew López, director de Rojo, Blanco y Sangre Azul. Sobre la importancia de la escena de sexo entre Alex (Taylor Zakhar Perez) y Henry (Nicholas Galitzine), dijo: “En el libro, su vida sexual es una parte tan poderosa de su conexión. Y yo quería mostrar algo que no había visto mucho en el cine convencional, que es el sexo entre dos hombres que se aman y se conectan, y que es emocionalmente resonante”.

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La escena de sexo fue alabada por el público y la crítica, pues es muy explícita para ser una película del género de comedia romántica. “Tenemos que asegurarnos de que cualquiera que vea esta escena sepa exactamente lo que está ocurriendo. Vamos a ser precisos con el posicionamiento del cuerpo, con la respiración, con el momento de la inserción”, explicó López.

Crédito: Prime Video

Hasta ahora me he centrado en el sexo gay, pero el sexo lésbico también ha estado poco representado en lo mainstream. Y me atrevo a decir que el sexo lésbico sufre de algo peor que la censura, la mirada masculina. Hay demasiadas películas lésbicas dirigidas por hombres como La vida de Adèle (2013), que fue precisamente criticada por sus escenas de sexo que obviamente apuntaban para complacer a un público masculino.

Recuerdo que cuando vi la escena de sexo de Atómica (2017), dirigida por un hombre, David Leitch, me sentí un poco incómoda. Al principio no entendía por qué, pero después de analizarlo un poco, me di cuenta que era por la forma en la que la que se estaba representando el sexo entre Lorraine (Charlize Theron) y Delphine (Sofia Boutella), como si fuera heterosexual y obviamente cosificando el cuerpo de ambas.

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Crédito: Quat’sous Films/Wild Bunch

En resumen, el sexo LGBTQ+ en lo mainstream no está bien representado, pues solo censurándolo puede ser “pasable” para el público heterosexual. Y, peor aún, cuando no hay detrás directores queer, se corre el riesgo de que se represente el sexo queer de una manera errónea, irreal y heteronormada. Además, cuando se trata de sexo lésbico, sólo es visto para el placer masculino, nunca se piensa en la audiencia queer femenina. Aunque, afortunadamente, cada vez tenemos más producciones como Rojo, Blanco y Sangre Azul que están cambiando el panorama.



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