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chicas increíbles cuentan cómo es tener un bazar en línea

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¿A quién no le gusta tener ropa bonita en su clóset? Probablemente habrá alguna que otra persona que, de verdad, no les tome mayor relevancia a sus prendas, pero para mucha gente vestir blusas, pantalones los vestidos que les haga sentir bien es importante. El número de cosas en el cajón es irrelevante, mientras tengan esa chispear alegría que tanto dice Marie Condo en sus videos.

Como compradora, puedo decir que entrarle al mundo de los bazares de ropa en redes sociales es justo encontrar esas prendas que “te dan felicidad” sólo de verlas y que, muchas veces, ni de chiste podrías hallar en alguna tienda de moda rapida.

Una vez que te sacudes los prejuicios generalizados de la ropa de segunda mano, te encuentras con que las chicas que dirigen estos proyectos instagrameros son súper movidas, inteligentes, sumamente organizadas e independientes.

Por eso, cuando los onvr-digo, la gente del internet que ha hecho de “las nenis” su blanco para descargar sus comentarios clasistas, racistas, misógionos o una combinación de todo eso junto, lo mejor es revertir la tendencia: hablar de la friega enorme que es echar a andar y mantener un bazar y de lo que más les gusta a estas chicas de hacerlo.

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¿Qué significa “las nenis”?

El término salió como una forma de bastante despectiva y clasista de referirse a las mujeres que se autoemplean y tienen bazares de ropa o accesorios en redes sociales.

Los comentarios, en su mayoría de hombres, iban en un inicio en tono de burla hacia las chicas que venden (y también de las que compran) en internet, cuyas plataformas principales son Instagram y Facebook, y que entregan en distintos puntos de las ciudades donde se ubican (por ejemplo, alguna línea del Metro en la CDMX).

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Pero todos esos comentarios no toman en cuenta el esfuerzo, el tiempo, la organización y los malabares que tienen que hacer estas morras emprendedorass y que, muchas veces, encuentran en la venta en línea una forma súper efectiva de independizarse, ayudar a su familia o comprarse, con su propio dinero, lo que ellas deseen.

Lo cierto es que sin hijo “Nenis”, son bazareñas y se ponen unas buenas friegas a la hora de chambear.

A mi el ‘neni’ no me representa. Me reivindico y reconozco como bazareña que pone el cuerpo para levantar un proyecto de…

Publicado por Mercadito Caligari en Sábado, 20 de febrero de 2021

Y así como les llegaron ataques y burlas, también hay muchas personas que reconocen la labor de estas mujeres.

Sin chamba formal o para complementar el ingreso mensual

Melany Tapia tiene 25 años y empezó con su bazar Meelates.mx en julio de 2019, meses antes de que todo el relajo del karanavairus estallara en el mundo.

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Meel es diseñadora gráfica y echó a andar su proyecto de bazar de ropa de segunda mano cuando renunció a un empleo que ya no le ofrecía el crecimiento laboral que buscaba, pero todavía no tenía otro trabajo seguro y desde hace años aporta al ingreso familiar. Quedarse sin chamba era una suerte de lujo que no podía darse.

“Siempre he estado inmersa en el mundo de segunda mano, asistía a muchos bazares físicos, por lo que me hice amiga de varias bazareñas y ellas me explicaron y me orientaron“, cuenta a Animal MX y explica que gracias al bazar puede apoyar a su familia y cubrir sus gastos personales.

“La primera actualización fue completamente mi clóset, de mi mamá y de mi tía. Hice la actualización de prendas y fue con lo que inicié. Posterior a eso ya buscaba en tianguis, mercados y ventas de garaje“, dado.

En México es sumamente difícil medir el mercado laboral informal, pero se calcula que casi 6 de cada 10 trabajadoras en el país están desprotegidas, es decir, no tienen ninguna relación laboral, ni prestaciones, ni seguridad social e instituciones de salud y, muchas veces, ni siquiera son remuneradas en tiempo y forma.

Meses después de iniciar con su proyecto, Melany consiguió otro trabajo como diseñadora y lo combinó con el bazar.

Pero, como a muchas personas, la pandemia la metió en aprietos económicos. “Trabajo Lanza libre porque me tocaron recortes por la pandemia y el bazar es el que me ha dado, no sé qué haría no me imagino en estos momentos, con una situación tan complicada para todos, sin el bazar que se ha convertido en la luz al final del túnel para mí”.

En 2020, más de 647,000 empleos se perdieron por culpa de las emergencia sanitaria, según cifras del IMSS.

Ese fue el caso de Ana Laura Reyes, de 22 años, quien trabajaba como coordinadora en un cine de la CDMX y, aunque los primeros tres meses de cierre llegaba su sueldo completo, de un día a otro la empresa dejó de pagarles sin avisarles absolutamente nada.

“Me iba bien, estaba confiada, creía que era un trabajo seguro e iba a contar con él y crecería más”, cuenta Ana Laura quien al verde sin empleo salió a buscar chamba en algún otro lugar. No encontró nada disponible.

Tras ese intento fallido de búsqueda de trabajo, y animada por su novio, decidió abrir Bazar de dulces a inicios de agosto de 2020 y su éxito ha sido rotundo.

Bazareñas unidas vs críticas y prohibiciones

Además de todo el esfuerzo y el tiempo invertido en sus proyectos, algunas de estas chicas en Ciudad de México también han tenido pésimas experiencias con la policía del Metro; el año pasado, por ejemplo, los vigilantes del STC las acosaban y prohibían hacer entregas o intercambios en las estaciones, lo que dificultaba la entrega de los productos.

Fue después que algunas mujeres se manifestaron en el Metro Chabacano en septiembre de 2020, que el Metro reviró y permitió el intercambio y la entrega de productos dentro de sus instalaciones.

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Según el SCT, mientras no se propicie el ambulantaje en las estaciones, los elementos de seguridad no pueden amenazar o detener a las chicas.

¿Qué tan difícil es hacer un bazar en Instagram?

Respuesta corta: muchísimo. Respuesta larga: hay que invertir, no sólo dinero, sino mucho tiempo, mucha organización y mucha creatividad.

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Frida Vargas tiene 23 años y desde hace dos tiene su bazar Veintidós.

Junto con Melany, Frida coincide en que es un trabajo de tiempo completo al que se le dedican muchas horas y mucho esfuerzo.

Meel divide el proceso en siete etapas:

  1. Búsqueda.
  2. Selección.
  3. Limpieza.
  4. Planchado.
  5. Fotografías.
  6. Publicaciones.
  7. Entregas.

Y cada una lleva una inversión de tiempo importante, “desde buscar las prendas, eso me puede llevar hasta siete horas en un día, luego llegar a casa, lavarlas, plancharlas, tomarles la foto”, dice Frida, quien además estudia la universidad. “Sí es muchísimo tiempo”.

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La mayoría de las chicas van a mercados, tianguis y le saben bien a la movida en las pacas. Otras, como Ana Laura, tienen la oportunidad de que les envíen ropa nueva de Estados Unidos y la venden a precios mucho más bajos que en tiendas departamentales.

Pero obtener las prendas es sólo una parte de toda la chamba.

Muchas veces las prendas no se pueden lavar en lavadora y tienen que hacerlo a mano o llevarlas a tintorería (lo que aumenta el precio).

Eso sí: todas se hacen cargo de planchar cada una de las prendas, tomar las fotografías con un estilo personal, toman medidas, hacen descripciones y actualizan sus cuentas de Instagram.

Hay quienes han decidio asaltar los clósets familiares, como Jaqueline, de 18 años, que es la creadora del bazar Cuidado con las Chacharitas.

A diferencia de Meel y Frida, Jaqueline comenzó su proyecto en octubre de 2020, en plena pandemia.

Jaqueline está comenzando el sexto semestre de la prepa e inició su bazar gracias a que una de sus tías la alentó, “sentía que era mala idea emprender un negocio ahorita, pero me animé al sentir que tenía el apoyo de mi familia”.

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En lo que las cuatro bazares coinciden es que hacer las actualizaciones en los perfiles de sus negocios, coordinar pagos con sus clientas, envolver cada prenda, hacer las entregas y dar seguimiento hasta que el vestido, el pantalón o la blusa llega a manos de la nueva dueña, es un proceso largo al que hay que dedicarle horas diarias.

Después de la actualización, ya entre semana, le dedico al menos dos horas diarias de estar al pendiente y responder“, dice Jaqueline.

A pesar del tiempo y el esfuerzo enorme que significa, Ana Laura dice que “el bazar es una parte fundamental de mis ingresos, por eso siempre trato de hacer sentir bien a mis seguidoras”.

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Ilustración de las Nenis de instagram. @neko_katz

Agradecimiento especial a @neko_katz, por permitirnos incluir esta ilustración en la nota.

¿Cuánto ganan en cada actualización?

Es algo difícil de calcular y no siempre les va igual a todas, pues depende del número de prendas que se vendan en cada actualización que, generalmente se realiza cada semana.

Además de preguntar a Melany, Jaqueline y Frida, consultamos a más chicas que tienen sus propios bazares de ropa de segunda mano y, en promedio, si se venden todas o la mayoría de las prendas que ponen a la venta en cada actualización, con una inversión de 1,000 pesos pueden ganar entre 2,000 y 3,000 pesos de utilidad, ya descontando los gastos de operación (lavar la ropa, materiales de envoltura, envíos o traslados en transporte público).

Es decir, si una chica hace actualizaciones cada semana y vende absolutamente todas sus prendas, puede ganar entre 8,000 y 12,000 pesos cada mes.

Pero también está la otra cara de la moneda: si venden dos o tres prendas en una actualización, las ganancias pueden reducirse a unos 500 ó 600 pesos, lo que no reditúa ni de broma la inversión económica ni el tiempo ni el esfuerzo dedicados.

Nuevamente, esa cifra puede variar entre cada bazar y sólo es un aproximado.

Los cambios que la pandemia forzó

Para Melany y Frida la pandemia les ayudó a ganar más seguidoras en sus cuentas, lo que se traduce en una mejora en sus ventas.

“Había mucha gente que tenía el prejuicio de la ropa de segunda mano y, a raíz de que cierran todas las tiendas Inditex, por buscar otra compra alternativa les llega esta información y ven que hay muchas opciones, ven que hay muchos bazares y cada uno tiene su estilo, además de que es más personal”, dice Meel.

Frida extraña la comunicación una a una con sus clientas porque le disfruta conocerlas y entregarles sus prendas personalmente, y desde que comenzó la crisis sanitaria, decidió cotar por completo ese tipo de entregas, aunque acepta que hacer envíos a través de una empresa local o por Correos de México también ha facilitado las cosas, “antes de la pandemia ni siquiera se me hubiera ocurrido contemplarlo y ahora es bastante sencillo para todes”.

Mientras que para Ana Laura, la pandemia y los aprietos económicos en los que se encuentra tanta gente, significó emprender su propio negocio.

“Hizo que los bazares en línea creciéramos más, es raro pero a muchas personas nos dio la oportunidad de emprender, porque mucha gente se quedó sin empleo”.

Eso sí, el emprendimiento llegó con un hábito que antes hubiera sido inimaginado: además de lavar toda la ropa, también debe ser sanitizada antes de entregarla a sus clientas.



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