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La Peor Persona del Mundo es un muy justo retrato sobre la libertad – DeportesEnVivo


La peor persona del mundo es, quizá, aquella que no toma en cuenta a nada ni nadie para tomar una decisión; aquella que pone sus sentimientos y anhelos por encima de los demás sin importarle del todo si hiere a otros. Es, esta misma persona, la que podría decir que goza de una libertad genuina. La película de Joachim Trier titulada como comenzó mi artículo, La Peor Persona del Mundo, está nominada a Mejor Película Extranjera para el Oscar 2022, y ya puedes disfrutarla en cines.

La cinta consta de 12 capítulos, un prólogo y un epílogo que marcan el crecimiento de Julie (Renate Reinsve). Ella es una de las mejores estudiantes de medicina que siente “una inquietud persistente que había tratado de suprimir, ahogándola en interferencias digitales”, dice una voz femenina que nos envuelve –y apunta a la premisa de la película–. Conocemos las relaciones que, a lo largo de la historia, serán importantes durante su viaje: primero, Aksel (Anders Danielsen Lie), un artista mayor en proceso de crear un cómic indie, y en segundo lugar, Eivind (Herbert Nordrum), un barista que llama su atención en una fiesta.

Fuente: Mozinet

La cinta consta de 12 capítulos, un prólogo y un epílogo que marcan el crecimiento de Julie (Renate Reinsve). Ella es una de las mejores estudiantes de medicina que siente “una inquietud persistente que había tratado de suprimir, ahogándola en interferencias digitales”, dice una voz femenina que nos envuelve –y apunta a la premisa de la película–. Conocemos las relaciones que, a lo largo de la historia, serán importantes durante su viaje: primero, Aksel (Anders Danielsen Lie), un artista mayor en proceso de crear un cómic indie, y en segundo lugar Eivind (Herbert Nordrum), un barista que llama su atención en una fiesta.

A veces, un capítulo consta de una sola noche o suceso, otras, como el capítulo seis, que recogen información de años completos que retratan la psicología de los personajes. Durante toda la película hay elementos palpables de aventura y alegría; la historia inunda al espectador sigilosamente hasta que se da cuenta de que, en realidad, está siendo ahogado en oleadas de emociones agudas. “¿Cuándo se supone que empieza la vida?”, reflexiona Julie. Es una pregunta que no puede dejar de plantearse a sí misma; la observamos como una persona inquieta; que anhela –algo–, cualquier cosa, algo capaz de liberarla de la monotonía en la que cae fácilmente. Es un personaje que adquiere distintas personalidades en los primeros minutos de largometraje, pero, de alguna forma, todas y cada una resultan inadecuadas.

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Julie abandona la escuela, acepta un trabajo temporal y persigue su sueño de convertirse en fotógrafa. Es, en la realización de su sueño, cuando conoce a Aksel. Se enamora de él en el momento en que él se preocupa en voz alta por su futuro. Es la mirada de su romance, presentada por el director de fotografía, Kasper Tuxen, uno de los elementos más conmovedores de la película. Como cualquier relación nueva, la suya está llena de aventura, de complicidad, deseo y pasión; una mirada tan indulgente y amorosa que podría ser lo que muchas –o la mayoría de nosotros– buscamos; pero Julie es demasiado honesta con lo que quiere como para seguir un patrón establecido.

En este sentido, sería demasiado fácil etiquetar o juzgar a Julie: una mujer en busca de nuevas experiencias, nuevos hombres, nuevo arte, una “mujer desordenada”, como leía en la reflexión del NY Times. Y es que la premisa no es algo necesariamente nuevo. La descripción de Julie se podría aplicar a dramas como los de HBO y Sally Rooney. Pero, ¿entonces a qué tipo de historia podríamos vincular La Peor Persona del Mundo? Cada comparación que me he encontrado en Film Twitter se siente como un deseo ansioso por golpear la historia de Trier, solo porque sí.

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Sin embargo, el enfoque del director se siente consciente de los moretones que acumulamos cuando tratamos de convertirnos en algo más que nosotros mismos. No es simplemente la construcción narrativa o el valor con el que cuenta la historia –todavía permanece en mi mente el humo del cigarrillo pasando lentamente de una boca deseosa a otra–, es la habilidad de Trier. Es la valentía para trazar un romanticismo a corazón abierto sin caer en propuestas cursis.

Fuente: Mozinet

Estamos acostumbrados a que los coming of age, tal vez, sean dirigidos para adolescentes y personas de 20 años –a pesar del hecho natural de que el ser humano está en un estado de cambio constante–. Es por eso que, personalmente, encuentro tan maduras y valiosas las películas que retratan las turbulentas décadas de la edad adulta, donde la acumulación de logros, fracasos, rupturas y creencias tienen un impacto significativo. Esto podría ser lo más valioso de La Peor Persona del Mundo: el retrato de la vida de Julie como una alusión a los momentos hiperemocionales que definen nuestra historia, la de los jóvenes enamorados.

No existe una separación tajante entre lo blanco y lo negro, el director no juzga a su protagonista; Julie está en los grises, en los matices, en lo humano. Permite que todos y cada uno de sus personajes coexistan en áreas de imperfección. No son personas pulcramente buenas, que dicen lo que quieren decir. Cometen errores, pero son responsables de esos errores. Vemos a Julie tropezar especialmente. Hay una cualidad valiosa en la actuación de Reinsve, en la que cada mirada, cada gesto tiene un doble significado, hablando no solo de quién es, sino de quién quiere ser.

Quizá un punto cuestionable es la construcción de Aksel, un personaje lleno de contradicciones. Su cómic, con una mirada sexista y misógina, es controversial en la historia de la película. Incluso lo observamos debatiendo en televisión con una feminista que cuestiona su trabajo. Él no lo toma bien, revela una fuente más profunda de misoginia. Sin embargo, también observamos cómo demuestra un cuidado e interés por Julie. No es un factor que arruine la película. Es, precisamente, una conversación entre Aksel y Julie, lo que seguramente dejará llorando al espectador. Una conversación enmarcada por los árboles, llena de emociones vinculadas a un miedo constante hacia la mortalidad, un miedo identificable: no estoy haciendo lo suficiente. Un miedo de que, lo que hago día con día es todo, menos estar vivo.

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El midpoint de la película está construido de una forma tan pura y genuina que provoca lágrimas. Una toma paralizada de Aksel da paso a Julie corriendo por las calles. Todo y todos atrapados en su lugar mientras ella avanza, corriendo para encontrar ese –algo–. El mundo inmóvil a su alrededor. ¿Y no es así como se siente estar enamorado? La cámara se desliza con curiosidad, nos alimenta del entorno y sus personajes. En un momento, Julie ve a una pareja a mitad de un beso. Cambia la mano de la mujer al trasero del hombre y guiña el ojo a la cámara. Toda la secuencia fundida en el resplandor del amanecer.

De tantos momentos identificables en la película, como Cheating, el capítulo que retrata la descarga de serotonina que se siente al enamorarse de alguien en tiempo real, quizá encontramos la esencia de la historia en un diálogo. “Te vas a arrepentir”, dice un personaje, Julie contesta que lo sabe. Puede que ella no sepa lo quiere en el futuro, pero sabe lo que quiere ahora, y eso es todo lo que importa.

https://youtu.be/bfd2hTAr9e8

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